sábado, 15 de junio de 2019

Pentecostés en la tradición bizantina


El Espíritu que a los pescadores ha convertido en teólogos

La solemnidad de Pentecostés nos lleva a vivir nuevamente el don gratuito del Espíritu Santo, el nacimiento de la Iglesia y nuestra vida en Cristo. Una de las obras de Nicolás Cabásilas, teólogo bizantino del siglo XIV, se titula "La vida en Cristo" y no es otras cosa que un comentario de los sacramentos de iniciación cristiana - Bautismo, Crismación y Eucaristía - y de la consagración del altar, aplicados a la vida del creyente; para cada cristiano, la vida en Cristo, don del Espíritu, nos viene dada por medio de los sacramentos.

En todas las liturgias orientales se subraya, en cada uno de los sacramentos, el papel del Espíritu Santo y, por ello, la importancia de la epíclesis, es decir, de la invocación, en vista a la consagración del pan y del vino y de la santificación del agua y del aceite. Por ello, cada hora de oración en la tradición bizantina comienza con una invocación al Espíritu que está siempre "presente, y en todas partes".

Pentecostés se celebra cincuenta días después de la Pascua, y es una de las fiestas más antiguas del calendario cristiano. Hablan de ella Tertuliano y Orígenes en el siglo III como fiesta anual, y en el siglo IV ésta forma parte del patrimonio teológico y litúrgico de las diversas Iglesias: Egeria indica su celebración en Jerusalén, tenemos además textos de los Padres Capadocios y de otros autores cristianos y, en el siglo VI, diversos kontákia de Román el Melódico.

El oficio propone repetidamente el tema de la renovación, del cambio operado en el corazón de los hombres: "El Espíritu santo hace brotar las profecías, ordena a los sacerdotes, ha enseñado la sabiduría a los iletrados, ha convertido teólogos a los pecadores, tiene firme todo armónico ordenamiento de la Iglesia".

En las Vísperas encontramos diversas confesiones trinitarias: Pentecostés, de hecho, es una teofanía sobretodo trinitaria y nunca la contemplación de una de las Personas de la Santa Trinidad puede olvidar el misterio que en ella se esconde: "Santo Dio, que has creado todo mediante el Hijo, con la sinergia del santo Espíritu; Santo fuerte, por el cual hemos conocido el Padre y por el cual el Espíritu ha venido al mundo; Santo inmortal, oh Espíritu Paráclito, que del Padre procedes y en el Hijo reposas. Trinidad Santa, gloria a ti". Y además: "Hemos visto la luz verdadera, hemos recibido el Espíritu celeste, hemos encontrado la fe verdadera, adorando la indivisible Trinidad..." texto que pasará a la Divina Liturgia justo después de la comunión, subrayando el nexo entre Pentecostés, el don del Espíritu y la Eucaristía.

El don del Espíritu que renueva a los discípulos, que renueva a toda la Iglesia, viene subrayado también por el tropario de la fiesta: "Bendito eres tú, Cristo Dios nuestro: tú has convertido en sabios a los pescadores, enviándoles el Espíritu Santo, y por medio de ellos ha recogido en la red al universo. Amigo de los hombres, gloria a ti".

En la liturgia del día resplandecen las tres grandes plegarias de las genuflexiones hechas el domingo en las vísperas, incluso celebrada sin solución de continuidad al final de la Divina Liturgia. En la liturgia del día resplandecen las tres grandes plegarias de las genuflexiones hechas en el oficio de Vísperas del Domingo, que a veces es celebrado al final de la Divina Liturgia.

Se trata de tres plegarias que tienen casi la forma de prefacios litúrgicos donde se evoca el misterio de Dios y todo lo que Él ha hecho por la redención del hombre: "Señor inmaculado, incorruptible, infinito, invisible, inaccesible, inexpresable, inmutable, inconmensurable, inmortal, Dios Padre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo: el cual por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos, tomó carne por el Espíritu de la Virgen María, da a tu pueblo la plenitud de tu amor, santifícanos por el poder de tu brazo ".

Estas plegarias son recitadas de rodillas no tanto por un carácter penitencial, sino para indicar el momento de la invocación y de la acogida del Espíritu Santo. La celebración de Pentecostés como Teofanía Trinitaria subraya que hoy el don del Espíritu a la Iglesia y a cada cristiano es un don a todo el pueblo de Dios; los Hechos de los Apóstoles (2, 4) dicen que todos estaban llenos del Espíritu Santo, y de hecho todos los bautizados nos convertimos en pneumatofori, es decir, portadores del Espíritu.

El don del Espíritu es un don de unidad; los Hechos de los Apóstoles enfatizan la unidad entre los creyentes, Pentecostés es vista como la contrapunto de la torre de Babel porque el Espíritu Santo porta unidad y nos hace capaces de hablar una sola voz. El don del Espíritu es también un don de diversidad: las lenguas de fuego descendieron sobre cada uno de los presentes; Pentecostés, de hecho, no abole la diversidad sino que hace que esa diversidad - y ser nosotros mismos como somos, y con sus particularidades - deja de ser motivo de separación.

Finalmente el icono de Pentecostés. Es un icono litúrgico; los Apóstoles están reunidos como en la celebración litúrgica, en torno al trono vacío, preparado para Cristo. La presencia de Pedro y Pablo indica la presencia de toda la Iglesia congregada por el Espíritu. Ella nace en una situación de profunda comunión entre los apóstoles, en un contexto en el cual debería manar también la comunión para toda la Iglesia, para todo el mundo.

Manuel Nin, L’Osservatore Romano, 31 de Mayo de 2009
Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López


Fuente: https://lexorandies.blogspot.com

DUMINICA COBORÂRII SF. SPIRIT (RUSALIILE) / DOMINGO DEL DESCENSO DEL ESPÍRITU SANTO (PENTECOSTÉS)



Fap 2,1-11: Şi când a sosit ziua Cincizecimii, erau toţi împreună în acelaşi loc.  Şi din cer, fără de veste, s-a făcut un vuiet, ca de suflare de vânt ce vine repede, şi a umplut toată casa unde şedeau ei.  Şi li s-au arătat, împărţite, limbi ca de foc şi au şezut pe fiecare dintre ei.  Şi s-au umplut toţi de Duhul Sfânt şi au început să vorbească în alte limbi, precum le dădea lor Duhul a grăi.  Şi erau în Ierusalim locuitori iudei, bărbaţi cucernici, din toate neamurile care sunt sub cer.  Şi iscându-se vuietul acela, s-a adunat mulţimea şi s-a tulburat, căci fiecare îi auzea pe ei vorbind în limba sa.  Şi erau uimiţi toţi şi se minunau zicând: Iată, nu sunt aceştia care vorbesc toţi galileieni?  Şi cum auzim noi fiecare limba noastră, în care ne-am născut?  Parţi şi mezi şi elamiţi şi cei ce locuiesc în Mesopotamia, în Iudeea şi în Capadocia, în Pont şi în Asia,  În Frigia şi în Pamfilia, în Egipt şi în părţile Libiei cea de lângă Cirene, şi romani în treacăt, iudei şi prozeliţi,  Cretani şi arabi, îi auzim pe ei vorbind în limbile noastre despre faptele minunate ale lui Dumnezeu!

Io 7,37-52;8,12: Iar în ziua cea din urmă - ziua cea mare a sărbătorii - Isus a stat între ei şi a strigat, zicând: Dacă însetează cineva, să vină la Mine şi să bea.  Cel ce crede în Mine, precum a zis Scriptura: râuri de apă vie vor curge din pântecele lui.  Iar aceasta a zis-o despre Duhul pe Care aveau să-L primească acei ce cred în El. Căci încă nu era (dat) Duhul, pentru că Isus încă nu fusese preaslăvit.  Deci din mulţime, auzind cuvintele acestea, ziceau: Cu adevărat, Acesta este Proorocul.  Iar alţii ziceau: Acesta este Hristosul. Iar alţii ziceau: Nu cumva din Galileea va să vină Hristos?  N-a zis, oare, Scriptura că Hristos va să vină din sămânţa lui David şi din Betleem, cetatea lui David?  Şi s-a făcut dezbinare în mulţime pentru El.  Şi unii dintre ei voiau să-L prindă, dar nimeni n-a pus mâinile pe El.  Deci slugile au venit la arhierei şi farisei, şi le-au zis aceia: De ce nu L-aţi adus?  Slugile au răspuns: Niciodată n-a vorbit un om aşa cum vorbeşte Acest Om.  Şi le-au răspuns deci fariseii: Nu cumva aţi fost şi voi amăgiţi?  Nu cumva a crezut în El cineva dintre căpetenii sau dintre farisei?  Dar mulţimea aceasta, care nu cunoaşte Legea, este blestemată!  A zis către ei Nicodim, cel ce venise mai înainte la El, noaptea, fiind unul dintre ei:  Nu cumva Legea noastră judecă pe om, dacă nu-l ascultă mai întâi şi nu ştie ce a făcut?  Ei au răspuns şi i-au zis: Nu cumva şi tu eşti din Galileea? Cercetează şi vezi că din Galileea nu s-a ridicat prooroc.  Şi s-a dus fiecare la casa sa.



Hech 2,1-11: Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»

Jn 7,37-52;8,12: El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado. Muchos entre la gente, que le habían oído estas palabras, decían: «Este es verdaderamente el profeta.» Otros decían: «Este es el Cristo.» Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?» Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre.» Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos.» Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?» Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta.» Jesús les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»

Los Sábados de Difuntos de la Iglesia bizantina


En la Iglesia bizantina, todos los sábados del año se diferencian de los demás días como jornadas en las que se ofrecen plegarias por los muertos, debido a que nuestro señor Jesucristo yació muerto en la tumba el sábado.

Además, la conmemoración litúrgica de los fieles difuntos tiene lugar varias veces al año en la Iglesia bizantina. A estos días solemnes se les conoce como 'sábado de las almas' (Psicosábado) o 'sábado de difuntos'. Son varias las jornadas así denominadas a lo largo del año: el sábado de Carnaval o segundo sábado antes de la Gran Cuaresma; el segundo, tercer y cuarto sábados de la Gran Cuaresma; el sábado antes de Pentecostés; y el sábado de San Demetrio, que se celebra el sábado anterior a la festividad de San Demetrio de Salónica, que se celebra cada 26 de octubre.

En estos días especiales, el sacerdote oficia responsos litúrgicos por los familiares y por todos los fieles fallecidos que no puedan ser conmemorados específicamente como santos. Normalmente, estos responsos se ofician después de la Divina Liturgia del sábado por la mañana o después de las Víspertas del viernes por la noche.

Los familiares de los difuntos preparan un plato de coliba, que consiste en trigo hervido condimentado con miel. Junto con otros alimentos y vino, lo llevan a la iglesia para que sean bendecidos por el sacerdote, colocándolos delante de la cruz o icono. Después de la Liturgia, los alimentos ofrecidos y ya bendecidos son degustados por todos los asistentes a la conmemoración.

domingo, 9 de junio de 2019

DUMINICA 7 DUPĂ PAȘTI (a Rugăciunii lui Isus pentru unitate și a Sf. Părinți de la Niceea) / DOMINGO 7 DESPUÉS DE PASCUA (de la Oración de Jesús por la unidad y de los Santos Padres del Concilio I de Nicea)



Fap 20,16-18.28-36: Căci Pavel hotărâse să treacă pe apă pe lângă Efes, ca să nu i se întârzie în Asia, pentru că se grăbea să fie, dacă i-ar fi cu putinţă, la Ierusalim, de ziua Cincizecimii. Şi trimiţând din Milet la Efes, a chemat la sine pe preoţii Bisericii. Şi când ei au venit la el, le-a zis: Voi ştiţi cum m-am purtat cu voi, în toată vremea, din ziua cea dintâi, când am venit în Asia, Drept aceea, luaţi aminte de voi înşivă şi de toată turma, întru care Duhul Sfânt v-a pus pe voi episcopi, ca să păstraţi Biserica lui Dumnezeu, pe care a câştigat-o cu însuşi sângele Său. Căci eu ştiu aceasta, că după plecarea mea vor intra, între voi, lupi îngrozitori, care nu vor cruţa turma. Şi dintre voi înşivă se vor ridica bărbaţi, grăind învăţături răstălmăcite, ca să tragă pe ucenici după ei. Drept aceea, privegheaţi, aducându-vă aminte că, timp de trei ani, n-am încetat noaptea şi ziua să vă îndemn, cu lacrimi, pe fiecare dintre voi. Şi acum vă încredinţez lui Dumnezeu şi cuvântului harului Său, cel ce poate să vă zidească şi să vă dea moştenire între toţi cei sfinţiţi. Argint, sau aur, sau haină, n-am poftit de la nimeni; Voi înşivă ştiţi că mâinile acestea au lucrat pentru trebuinţele mele şi ale celor ce erau cu mine. Toate vi le-am arătat, căci ostenindu-vă astfel, trebuie să ajutaţi pe cei slabi şi să vă aduceţi aminte de cuvintele Domnului Isus, căci El a zis: Mai fericit este a da decât a lua. Şi după ce a spus acestea, plecându-şi genunchii, s-a rugat împreună cu toţi aceştia. 

Io 17,1-13: Acestea a vorbit Isus şi, ridicând ochii Săi la cer, a zis: Părinte, a venit ceasul! Preaslăveşte pe Fiul Tău, ca şi Fiul să Te preaslăvească. Precum I-ai dat stăpânire peste tot trupul, ca să dea viaţă veşnică tuturor acelora pe care  Tu i-ai dat Lui. Şi aceasta este viaţa veşnică: Să Te cunoască pe Tine, singurul Dumnezeu adevărat, şi pe Isus Hristos pe Care L-ai trimis. Eu Te-am preaslăvit pe Tine pe pământ; lucrul pe care Mi l-ai dat să-l fac, l-am săvârşit. Şi acum, preaslăveşte-Mă Tu, Părinte, la Tine Însuţi, cu slava pe care am avut-o la Tine, mai înainte de a fi lumea. Arătat-am numele Tău oamenilor pe care Mi i-ai dat Mie din lume. Ai Tăi erau şi Mie Mi i-ai dat şi cuvântul Tău l-au păzit. Acum au cunoscut că toate câte Mi-ai dat sunt de la Tine; Pentru că cuvintele pe care Mi le-ai dat le-am dat lor, iar ei le-au primit şi au cunoscut cu adevărat că de la Tine am ieşit, şi au crezut că Tu M-ai trimis. Eu pentru aceştia Mă rog; nu pentru lume Mă rog, ci pentru cei pe care Mi i-ai dat, că ai Tăi sunt. Şi toate ale Mele sunt ale Tale, şi ale Tale sunt ale Mele şi M-am preaslăvit întru ei. Şi Eu nu mai sunt în lume, iar ei în lume sunt şi Eu vin la Tine. Părinte Sfinte, păzeşte-i în numele Tău, în care Mi i-ai dat, ca să fie una precum suntem şi Noi. Când eram cu ei în lume, Eu îi păzeam în numele Tău, pe cei ce Mi i-ai dat; şi i-am păzit şi n-a pierit nici unul dintre ei, decât fiul pierzării, ca să se împlinească Scriptura. Iar acum, vin la Tine şi acestea le grăiesc în lume, ca să fie deplină bucuria Mea în ei.


Hech. 20,16-18.28-36: Pablo había resuelto pasar de largo por Éfeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén. Desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando llegaron donde él, les dijo: «Vosotros sabéis cómo me comporté siempre con vosotros, desde el primer día que entré en Asia, «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo. «Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño; y también que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí. Por tanto, vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y noche con lágrimas a cada uno de vosotros. «Ahora os encomiendo a Dios y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados. «Yo de nadie codicié plata, oro o vestidos. Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.» Dicho esto se puso de rodillas y oro con todos ellos.


Jn. 17,1-13: Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada.

miércoles, 5 de junio de 2019

Ascensión a los Cielos de nuestro Dios y Señor Jesucristo


Jesús después de Su Resurrección no vivió junto a sus discípulos como lo había hecho antes de su muerte. Lleno de la gloria de su divinidad, apareció a los suyos en distintos lugares y en distintos momentos, asegurándoles que en verdad era Él, pero en adelante vivo en su cuerpo resucitado y glorificado. Después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del Reino de Dios (Hech 1:3). Se utiliza el periodo de tiempo de cuarenta días en la Biblia a menudo. Significa un periodo de cumplimiento y plenitud (Gen 7:17; Éx 16:35; 24,18; Jue 3:11; I Sam 17:16; I Rey 19:8; Jon 3:4; Mt 4:2).

Cuarenta días después de su pascua, Jesús ascendió a los cielos para ser glorificado a la diestra del Padre (Hech 1:9-11; Mc 16:19; Lc 24:51). La Ascensión de Cristo es su partida física final de este mundo después de Su Resurrección. Es el cumplimiento de su misión en este mundo como el Salvador Mesiánico. Es su glorioso retorno al Padre quien lo había enviado al mundo para llevar a cabo la obra que le había designado (Jn 17:4-5). “Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo” (Lc 24:51-52).

La celebración que la Iglesia hace en esta fiesta de la Ascensión, tal como en todas las demás fiestas de este tipo, no es un simple recordatorio de algún acontecimiento sobrenatural en la vida de Jesús. Las Sagradas Escrituras enfatizan la partida física de Cristo y su glorificación por Dios Padre, junto al gran regocijo que experimentaron los discípulos al recibir la promesa del Espíritu Santo quien vendría para asegurarles la presencia del Señor con ellos, capacitándoles para ser sus testigos hasta los confines de la tierra (Lc 24:48-53; Hech 1:8-11; Mt 28:16-20; Mc 16:16-19)

En la Iglesia, los creyentes celebran estos acontecimientos con la convicción de que la partida de Cristo desde este mundo ha sucedido para ellos y para la humanidad entera. El Señor se va para que sea glorificado junto a Dios Padre y para glorificarnos a nosotros juntamente con Él. Él se va para preparar un lugar para nosotros, y para llevarnos a todos a la dicha y bienaventuranza de la presencia de Dios. Nos abre el camino para que todos podamos entrar “al santuario celestial… el Lugar santo no hecho por manos humanas”. Se va para poder enviar el Espíritu Santo, quien procede del Padre, y dará testimonio acerca de Él y Su Evangelio en el mundo, haciéndolo poderosamente presente en la vida de sus discípulos.

Los himnos litúrgicos de la fiesta de la Ascensión hablan de todo esto. Los versos para las antífonas de la Divina Liturgia son tomados de los salmos 47, 48 y 49. El tropario de la fiesta que se canta en la Pequeña Entrada es cantado también después de la comunión, en lugar del himno “Hemos Visto la verdadera Luz”.