Pentecostés (el Descenso del Espíritu Santo)


El Espíritu que a los pescadores ha convertido en teólogos


La solemnidad de Pentecostés nos lleva a vivir nuevamente el don gratuito del Espíritu Santo, el nacimiento de la Iglesia y nuestra vida en Cristo. Una de las obras de Nicolás Cabásilas, teólogo bizantino del siglo XIV, se titula "La vida en Cristo" y no es otras cosa que un comentario de los sacramentos de iniciación cristiana - Bautismo, Crismación y Eucaristía - y de la consagración del altar, aplicados a la vida del creyente; para cada cristiano, la vida en Cristo, don del Espíritu, nos viene dada por medio de los sacramentos.


En todas las liturgias orientales se subraya, en cada uno de los sacramentos, el papel del Espíritu Santo y, por ello, la importancia de la epíclesis, es decir, de la invocación, en vista a la consagración del pan y del vino y de la santificación del agua y del aceite. Por ello, cada hora de oración en la tradición bizantina comienza con una invocación al Espíritu que está siempre "presente, y en todas partes".


Pentecostés se celebra cincuenta días después de la Pascua, y es una de las fiestas más antiguas del calendario cristiano. Hablan de ella Tertuliano y Orígenes en el siglo III como fiesta anual, y en el siglo IV ésta forma parte del patrimonio teológico y litúrgico de las diversas Iglesias: Egeria indica su celebración en Jerusalén, tenemos además textos de los Padres Capadocios y de otros autores cristianos y, en el siglo VI, diversos kontákia de Román el Melódico.


El oficio propone repetidamente el tema de la renovación, del cambio operado en el corazón de los hombres: "El Espíritu santo hace brotar las profecías, ordena a los sacerdotes, ha enseñado la sabiduría a los iletrados, ha convertido teólogos a los pecadores, tiene firme todo armónico ordenamiento de la Iglesia".


En las Vísperas encontramos diversas confesiones trinitarias: Pentecostés, de hecho, es una teofanía sobretodo trinitaria y nunca la contemplación de una de las Personas de la Santa Trinidad puede olvidar el misterio que en ella se esconde: "Santo Dio, que has creado todo mediante el Hijo, con la sinergia del santo Espíritu; Santo fuerte, por el cual hemos conocido el Padre y por el cual el Espíritu ha venido al mundo; Santo inmortal, oh Espíritu Paráclito, que del Padre procedes y en el Hijo reposas. Trinidad Santa, gloria a ti". Y además: "Hemos visto la luz verdadera, hemos recibido el Espíritu celeste, hemos encontrado la fe verdadera, adorando la indivisible Trinidad..." texto que pasará a la Divina Liturgia justo después de la comunión, subrayando el nexo entre Pentecostés, el don del Espíritu y la Eucaristía.


El don del Espíritu que renueva a los discípulos, que renueva a toda la Iglesia, viene subrayado también por el tropario de la fiesta: "Bendito eres tú, Cristo Dios nuestro: tú has convertido en sabios a los pescadores, enviándoles el Espíritu Santo, y por medio de ellos ha recogido en la red al universo. Amigo de los hombres, gloria a ti".


En la liturgia del día resplandecen las tres grandes plegarias de las genuflexiones hechas el domingo en las vísperas, incluso celebrada sin solución de continuidad al final de la Divina Liturgia. En la liturgia del día resplandecen las tres grandes plegarias de las genuflexiones hechas en el oficio de Vísperas del Domingo, que a veces es celebrado al final de la Divina Liturgia.


Se trata de tres plegarias que tienen casi la forma de prefacios litúrgicos donde se evoca el misterio de Dios y todo lo que Él ha hecho por la redención del hombre: "Señor inmaculado, incorruptible, infinito, invisible, inaccesible, inexpresable, inmutable, inconmensurable, inmortal, Dios Padre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo: el cual por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos, tomó carne por el Espíritu de la Virgen María, da a tu pueblo la plenitud de tu amor, santifícanos por el poder de tu brazo ".


Estas plegarias son recitadas de rodillas no tanto por un carácter penitencial, sino para indicar el momento de la invocación y de la acogida del Espíritu Santo. La celebración de Pentecostés como Teofanía Trinitaria subraya que hoy el don del Espíritu a la Iglesia y a cada cristiano es un don a todo el pueblo de Dios; los Hechos de los Apóstoles (2, 4) dicen que todos estaban llenos del Espíritu Santo, y de hecho todos los bautizados nos convertimos en pneumatofori, es decir, portadores del Espíritu.


El don del Espíritu es un don de unidad; los Hechos de los Apóstoles enfatizan la unidad entre los creyentes, Pentecostés es vista como la contrapunto de la torre de Babel porque el Espíritu Santo porta unidad y nos hace capaces de hablar una sola voz. El don del Espíritu es también un don de diversidad: las lenguas de fuego descendieron sobre cada uno de los presentes; Pentecostés, de hecho, no abole la diversidad sino que hace que esa diversidad - y ser nosotros mismos como somos, y con sus particularidades - deja de ser motivo de separación.


Finalmente el icono de Pentecostés. Es un icono litúrgico; los Apóstoles están reunidos como en la celebración litúrgica, en torno al trono vacío, preparado para Cristo. La presencia de Pedro y Pablo indica la presencia de toda la Iglesia congregada por el Espíritu. Ella nace en una situación de profunda comunión entre los apóstoles, en un contexto en el cual debería manar también la comunión para toda la Iglesia, para todo el mundo.


Manuel Nin, L’Osservatore Romano, 31 de Mayo de 2009

Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López


LECTURAS


En Vísperas


Núm 11,16-17;24-29: Dijo el Señor a Moisés: «Tráeme setenta ancianos de Israel, de los que te conste que son ancianos servidores del pueblo, llévalos a la Tienda del Encuentro y que esperen allá contigo. Bajaré a hablar contigo y apartaré una parte del espíritu que posees y se la pasaré a ellos, para que se repartan contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo». Moisés salió y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Después reunió a los setenta ancianos y los colocó alrededor de la tienda. El Señor bajó en la Nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo. Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento». Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: «Señor mío, Moisés, prohíbeselo». Moisés le respondió: «¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!».


Jl 2,23-3,5: Así dice el Señor: «Hijos de Sión, gozaos y alegraos en el Señor vuestro Dios, pues os da la lluvia temprana en su momento, y os envía el agua: la temprana y la de primavera en el primer mes. Se llenarán las eras de grano, los lagares rebosarán de mosto y aceite. Les daré el doble del bienestar que se llevó el saltón, la caballeta, el saltamontes y la langosta, mi gran ejército que envié contra ellos. Comeréis y os hartaréis, y alabaréis el nombre del Señor vuestro Dios, que actuó con vosotros con tantas maravillas. Y mi pueblo no tendrá que avergonzarse nunca más. Reconoceréis que yo estoy en medio de Israel, que yo soy el Señor vuestro Dios y que no hay otro. Y mi pueblo no tendrá que avergonzarse nunca más». Después de todo esto, derramaré mi espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y vuestros jóvenes verán visiones. Incluso sobre vuestros siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días. Pondré señales en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, la luna, en sangre ante el Día del Señor que llega, grande y terrible. Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Habrá supervivientes en el monte Sión, como lo dijo el Señor, y también en Jerusalén entre el resto que el Señor convocará.


Ez 36,24-28: Así dice el Señor: «Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios».


En Maitines


Jn 20,19-23: Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


En la Liturgia


Hch 2,1-11: Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».


Jn 7,37-52;8,12: El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritó: «El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas manarán ríos de agua viva”». Dijo esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado. Algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta». Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?». Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?». Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos». Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas». Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».



Fuente: lexorandies.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Ascensión a los Cielos de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo


La Ascensión del Señor, celebrada el cuadragésimo día después de la Resurrección, es una de las grandes fiestas comunes a todas las Iglesias cristianas.


En la tradición bizantina, el miércoles precedente se celebra la apódosis (conclusión) de la Pascua, retomando una vez más los textos del oficio pascual. La fiesta de la Ascensión, además, se prolonga por una semana en una octava. Los troparios de la fiesta son muy bellos y teológicamente profundos. Tal como sucede muy a menudo en la liturgia bizantina, son verdaderas síntesis de la fe de la Iglesia.


Así el primer tropario de las vísperas resume la profesión de fe del concilio de Calcedonia (451) en Cristo verdadero Dios y verdadero hombre: "El Señor sube a los cielos para enviar el Paráclito al mundo. Los cielos han preparado su trono, las nubes el carro en el cual ascender; se asombran los ángeles viendo un hombre por encima de ellos. El Padre recibe a Aquél que desde la eternidad en su seno mora".


Hombre por encima de los ángeles, aquél que desde la eternidad está en el seno del Padre. El quinto de los troparios de las vísperas retoma el tema de la kénosis del Verbo de Dios con una imagen poética muy bella y conmovedora: "Tú que por mí te has hecho pobre como yo". Cristo en su Encarnación asume voluntariamente toda la pobreza de la naturaleza humana, para después glorificarla plenamene en su ascensión.


Otros dos troparios, de vísperas, proponen una relectura cristológica del salmo 23, que en la liturgia de la noche de Pascua estaba relacionado con el descenso de Cristo al Hades y hoy incluso con la Ascensión: "El Espíritu Santo ordena todos sus ángeles: Alzad, príncipes, vuestras puertas. Gentes todas, batid las manos, porque Cristo ha subido a donde estaba antes. Mientras Tú ascendías, oh Cristo, del monte de los olivos, las huestes celestiales que te veían, se gritaban una a la otra: ¿Quién es éste? Y respondían: Es el fuerte, el poderoso, el poderoso en la batallas; éste es verdaderamente el Rey de la gloria".


En diversos troparios encontramos expresiones referentes a su humanidad que sirven para indicar la divinidad del Verbo de Dios: "Tú que, sin separarte del seno paterno, oh dulcísimo Jesús, has vivido en la tierra como un hombre, hoy desde el monte de los Olivos has ascendido a la gloria: y levantando, compasivamente, nuestra naturaleza caída, la has hecho sentar contigo junto al Padre".


Son palabras que nos recuerdan el canto de las Lamentaciones del Sábado Santo. Además encontramos el tema de la glorificación de nuestra naturaleza humana caída y redimida. Por lo que respecta al oficio matutino, recordamos algunos de los troparios de Román "el Melódico": "Cumplida la economía en favor nuestro, y junto a las celestes, las realidades terrestres, has ascendido a la gloria, oh Cristo Dios nuestro, sin separarte todavía en modo alguno de aquellos que te aman; pero permaneciendo inseparables de ellos, declara: Yo estoy con vosotros, y ninguno está contra vosotros. Dejad sobre la tierra lo que es de la tierra, abandonad lo que es de las cenizas al polvo y entonces venid, elevémonos, levantemos los ojos y la mente a lo alto, alcemos la mirada y los sentidos hacia las puertas celestes, mientras somos mortales; imaginemos que vamos al Monte de los Olivos y vemos al Redentor portado por una nube: de allí, de hecho, el Señor ascendió a los cielos; desde allí, él, que ama dar, ha distribuido dones a sus apóstoles, consolándolos como un padre, confirmándolos, guiándolos como hijos y diciéndoles: No me separo de vosotros: yo estoy con vosotros y ninguno está contra vosotros".


De esta realidad de nuestra fe ofrece también una lectura clara el Icono de la fiesta. La imagen está dividida en dos partes bien distinguidas: en la parte superior se ve a Cristo sobre un trono, inmóvil en su gloria, sostenido por dos ángeles. En la parte inferior la Madre de Dios, los Apóstoles y dos ángeles con vestiduras blancas. El icono de la Ascensión contempla a Cristo en su ascenso, sostenido por los ángeles, pero al mismo tiempo es también el icono del retorno glorioso de Cristo, que "regresará un día de este modo". Desde la Ascensión y hasta su retorno Cristo preside su Iglesia, como vemos en el icono.


La actitud de María es siempre la de la oración. Ella no mira hacia lo alto, sino a la Iglesia, para recordar la necesidad de la vigilia y de la oración a los Apóstoles y a todos nosostros. En espera del retorno del Señor.


Manuel Nin

Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López


LECTURAS


En Vísperas


Is 2,2-3: Así dice el Señor: «En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas». Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas».


Is 62,10-63,9: Así dice el Señor: «Pasad, pasad por los portales, despejad el camino del pueblo, allanad, allanad la calzada, limpiadla de piedras». El Señor hace oír esto hasta el confín de la tierra: «Decid a la hija de Sión: Mira a tu salvador, que llega, el premio de su victoria lo acompaña, la recompensa lo precede». Los llamarán «Pueblo santo», «Redimidos del Señor», y a ti te llamarán «Buscada», «Ciudad no abandonada». ¿Quién es ese que viene de Edón, de Bosra, con las ropas enrojecidas? ¿Quién es ese, vestido de gala, que avanza lleno de fuerza? Yo, que sentencio con justicia y soy poderoso para salvar. ¿Por qué están rojos tus vestidos, y la túnica como quien pisa en el lagar? Yo solo he pisado el lagar, y de los otros pueblos nadie me ayudaba. Los pisé con mi cólera, los estrujé con mi furor; su sangre salpicó mis vestidos y me manché toda la ropa. Porque es el día en que pienso vengarme; el año del rescate ha llegado. Miraba sin encontrar un ayudante, espantado al no haber quien me apoyara; pero mi brazo me dio la victoria, mi furor fue mi apoyo. He pisoteado los pueblos en mi cólera, los he embriagado con mi furor, hice correr por tierra su sangre. Quiero recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, que llevó a cabo con compasión, y su gran misericordia. Él dijo: «Son mi pueblo, hijos que no engañarán», y fue su salvador en todas sus angustias. No fue un ángel ni un mensajero, fue él mismo en persona quien los salvó, los rescató con su amor y su clemencia, los levantó y soportó, todos los días del pasado.


Zac 14,4;8-11: Así dice el Señor: «Mirad, llega el día del Señor». Aquel día se plantarán sus pies sobre el monte de los Olivos, al este de Jerusalén. Aquel día brotarán aguas vivas de Jerusalén: la mitad irá al mar oriental, la otra mitad al occidental, tanto en verano como en invierno. El Señor será rey de todo el mundo. Aquel día el Señor y su nombre serán únicos. Todo el país se convertirá en una llanura, desde Guibeá hasta Rimón, al sur de Jerusalén, que será realzada y habitada en su lugar, desde la Puerta de Benjamín hasta la Puerta Antigua, hasta la Puerta del Ángulo y la Torre de Jananel, hasta el Lagar del Rey. Habitarán en ella y no habrá más exterminio; habitarán Jerusalén tranquilos.


En Maitines


Mc 16-20: En aquel tiempo, resucitado Jesús al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.


En la Liturgia


Hch 1,1-12: En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?». Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo». Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado.


Lc 24,36-53: En aquel tiempo, habiendo resucitado Jesús de entre los muertos, se presentó en medio de sus discípulos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto». Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.



Fuente: lexorandies.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

23/04 (o Lunes Brillante) San Jorge el Megalomártir y Victorioso


NOTA: Si el día de San Jorge cae en la Santa Pascua o justo antes, su fiesta se traslada al Lunes Luminoso.


Antes de hablar de este importante y venerado Santo, vale la pena que mencionemos las fuentes en las que se basan estas letras. Éstas son:


– La Passio Sancti Georgii, que está clasificada entre las obras apócrifas del Decretum Gelasianum, del 496. La redacción más antigua de este documento se conserva en la Biblioteca Nacional de Viena, está datada en el siglo V y fue publicada en el año 1858.


– Lo escrito por Teodosio Perigeta en Lydda (Palestina) donde se veneraba su sepulcro, hecho confirmado también por Antonino de Piacenza y por Adanmano. En efecto, hoy en día son visibles los restos arqueológicos de una basílica cementerio del Santo, donde se ha encontrado un epígrafe en griego, datado en el 368 y que menciona “la casa de los santos y triunfantes Jorge y compañeros mártires”.


– Unos documentos posteriores al siglo V que dan referencias sobre su culto y en los que empiezan a hablarse de la tradición del dragón.


– Un Códice vaticano del 916, traducido al latín por Lippomano y del cual depende el Menologio de Metafraste del 964 y otras traducciones de la passio al copto, armenio, árabe, etc.


En estos textos se dice que Jorge estaba predestinado a grandes cosas, que nació alrededor del año 280 y que su nacimiento produjo gran alegría a su padre Geroncio, que era persa, y a su madre Policronia, natural de Capadocia, que lo educaron religiosamente hasta que entró en el servicio militar, o sea, que San Jorge era soldado. Algunos autores dice que sufrió martirio en tiempos de Daciano, mientras que otros dicen que fue bajo Diocleciano, el cual “convocó a setenta y dos reyes para decidir qué medidas tomar contra los cristianos”. Jorge, que era oficial de las milicias del emperador en Capadocia, se confesaba abiertamente cristiano y repartía sus bienes entre los pobres, o sea, lo de siempre. Que fue invitado por el emperador para que ofreciera sacrificios a los dioses, que se negó y que entonces empezaron los suplicios: apaleado, colgado, desgarran su cuerpo y encerrado en la cárcel donde tuvo la siempre mencionada visión. En esta passio se dice que en la visión, Cristo le predice siete años de tormentos, que moriría tres veces y que tres veces resucitaría. Que el Santo convierte al mago Atanasio, por lo que fue cortado por la mitad con una rueda de clavos y espadas. Jorge resucita y convierte al magister militum Anatalius y a sus soldados, por lo que todos ellos fueron degollados. Que a petición del rey Tranquilino resucita a diecisiete personas muertas cuatrocientos sesenta años antes, los bautiza y los hace desaparecer. Entra en un templo pagano y soplando hace caer a los ídolos. La emperatriz Alejandra, que ve todos estos prodigios, se convierte y también es martirizada junto con sus criados Apolo, Isacio y Crótales. El emperador lo condena de nuevo a muerte y es decapitado, y esto sucedió en Nicomedia en el año 303.


Posteriormente, en tiempos de las Cruzadas, surge la tradición de la doncella liberada del dragón por San Jorge, y un manuscrito del siglo XIII y la Leyenda Aurea del Beato Santiago de Vorágine, se hacen eco y le atribuyen esta hazaña prodigiosa y caballeresca. Según esta tradición, cuando Jorge iba a incorporarse a su legión llegó a Selene, en Libia. En un pantano cercano había un dragón que nadie se atrevía a matar. Cada día le llevaban dos ovejas para que se las comiera, pero cuando se acabaron los animales, el rey del lugar ordenó que le llevaran una oveja y una doncella escogida por suerte. La suerte quiso que un día le tocara a la propia hija del rey, que con todo dolor, tuvo que cumplir lo acordado. Cuando la doncella iba hacia la cueva del dragón, apareció un caballero armado con espada y lanza, hizo la señal de la cruz y arremetió contra el dragón atravesándolo con su lanza. Con un lazo que llevaba la joven a la cintura, ató al dragón y lo llevó a la ciudad. Allí explicó que había vencido al dragón en el nombre del Dios verdadero. Todos se convirtieron, bautizaron y Jorge dio al dragón el golpe de gracia.


Pero dejemos esto y hablemos nuevamente del año del martirio. Según el Chronicon alexandrinum seu paschalefue en el año 284. Otros dicen que entre el 249 y el 251 y otros, interpretando como Diocleciano el nombre de Daciano, lo ponen en el 303 como dije antes. Los hagiógrafos más serios dicen que lo más probable es que fuera martirizado en tiempos de Diocleciano. Pero en la redacción más antigua de la passio, Diocleciano es convertido en Daciano, lo que parece explicarse por la triste memoria de un cruel gobernador en Hispania llamado Daciano en tiempos de Diocleciano. Curiosamente a este cruel perseguidor de los cristianos en la Hispania romana se le llamaba el «dragón de los abismos».


El nombre de San Jorge se difundió profusamente en todo el Oriente durante los siglos IV y V; tanto es así, que, por ejemplo, fueron varios los soberanos de Georgia llamados con este nombre. Su profesión de militar pudiera derivarse de una identificación con el tribuno que arrancó el edicto de Galerio contra los cristianos en Nicomedia, según lo cuenta San Eusebio en su Historia eclesiástica, pero la localización de su culto en Lydda, donde fue sepultado, hace improbable esta identificación. En cuanto a su culto tengo que decir que muy probablemente ningún otro santo haya recibido tanta veneración popular como San Jorge. Son innumerables las iglesias dedicadas a él tanto en Oriente como en Occidente.


En Jerusalén ya existía una en el siglo VI así como un monasterio a él dedicado, en Jericó también se le dedicó un monasterio en el siglo VI. En Zorava (Tracónides) una inscripción datada en el 515 narra la aparición de San Jorge a Juan, hijo de Diómedes; en Beirut recibe gran veneración especialmente después de la victoria de los Cruzados (Analecta Bollandista, 77, editado en 1959), en Iraq, los cristianos caldeos le dedicaron numerosas iglesias, los coptos le veneran muchísimo en Etiopía y en Egipto, los georgianos dicen que era oriundo de Georgia y según Venancio Fortunato en Maguncia (Alemania) tenía ya dedicada una basílica en el siglo VI. En los países bizantinos se le venera junto con San Demetrio mártir de Tesalónica, etc. y esto sólo por poner algunos ejemplos.


En Italia pasó lo mismo: ya en el año 527 Belisario puso la puerta de San Sebastián bajo la protección de San Jorge y a los dos Santos les dedicó una iglesia en el Velabro, donde fue depositado por el Papa San Zacarias (y aun se conserva) el cráneo del Santo. En Ravenna, a finales del siglo VI existía una iglesia a él dedicada en el campo Coriandro, junto al sepulcro de Teodorico y esto está atestiguado en la biografía del obispo Aguello fallecido en el año 570. En Ferrara lo declararon patrono de la ciudad en el año 1110. En Cornate (Milano), el rey Cuniberto en el año 688 le dedicó una iglesia y en Nápoles, a principios del siglo V, el obispo Severo fundó la basílica de San Jorge el Mayor. A principios del siglo VI, Clodoveo rey de los francos le dedicó un monasterio en el cual difundió su culto San Germán de París, que murió en el 576. En Inglaterra, en la época anglosajona, la fama del Santo estaba muy extendida pero su culto aún se desarrolló mucho más después de la conquista normanda en el siglo XI. Es el Santo patrono de Inglaterra.


Las invasiones musulmanas interrumpieron las peregrinaciones hacia Oriente, por lo cual el culto de San Jorge decayó, pero los cruzados hicieron renacer el culto aun con más intensidad. Conquistada Jaifa y la cercana Lydda, los cruzados reconstruyeron la basílica en la que estaba su sepulcro, la cual había sido incendiada por el califa Hakin ochenta años atrás. Fue precisamente en esta época cuando se difundió por Occidente la tradición del dragón. Ricardo I de Inglaterra durante la tercera cruzada dice que vio al Santo con armadura resplandeciente guiando a las tropas cristianas, y por eso Enrique III hizo obligatoria la fiesta de San Jorge en todo su reino. Es del tiempo de Eduardo III el famoso grito de batalla “Saint George for England”, fundando además la Orden de San Jorge en el año 1348 y en tiempos de Enrique V, el arzobispo de Canterbury ordenó celebrar la fiesta de San Jorge el mismísimo día de Navidad.


O sea, solo he querido poner algunos ejemplos de cómo el culto al santo fue intensísimo tanto en Oriente como en Occidente. Incluso muchas ciudades lo tienen como patrono: Génova, Venecia, Barcelona… así como muchas Ordenes religiosas y caballerescas, como los benedictinos, la Orden Teutónica, la Orden Militar de Calatrava, la Sagrada Orden Militar Constantiniana y de San Jorge, etc. San Jorge, junto a los Santos Sebastián y Mauricio es el patrono de los soldados, arqueros, alabarderos, etc. y se le invoca contra las mordeduras de las serpientes venenosas (dragón), contra la peste, la lepra… ¡y la sífilis!


En cuanto a sus celebraciones litúrgicas tengo que decir varias cosas. Los calendarios orientales lo conmemoran el día 23 de abril y lo mismo hace la Iglesia Romana, pues se cree que esa fue la fecha de su martirio. Solo en la Italia septentrional se le conmemora un día más tarde. En el Martirologio Jeronimiano se le conmemora además los días 15 y 25 de abril y el 7 de mayo.  El Sacramentario Leoniano del siglo V contiene los textos de una misa propia y la oración actual de la Misa de su festividad ya estaba en uso en los sacramentarios y misales latinos del siglo IX. El sínodo provincial de Colonia, en el año 1308, hacía de precepto el día de su fiesta y en la obra De officiis palatii de Jorge Codino se indica que en el día de San Jorge, el emperador participaba solemnemente en las celebraciones religiosas en Constantinopla.


Como he dicho antes fue sepultado en Lydda (Palestina), pero desde el siglo VI sus reliquias fueron repartidas. Hoy, en un monasterio en Israel se veneran parte de ellas. San Gregorio de Tours, en el siglo VI, habla ya de traslados a Limoges y a Le Mans. En Roma, el cráneo del Santo está en la basílica de San Jorge al Velabro desde finales del siglo VIII En el 852, Pietro Della Marca relata traslados de reliquias a España, en el 1110 el conde Roberto de Fiandre llevó un brazo a Ferrara, otro brazo fue llevado a Venecia en el año 1462 por parte del abad Teófilo Beacqui y lo puso en la Abadía de San Jorge, donde personalmente lo he visto, etc.


Decir además que numerosas fiestas están relacionadas con la conmemoración de San Jorge y se ha cantado en multitud de ocasiones su coraje al profesar la fe en Cristo, la tutela de la doncella indefensa frente al dragón así como la muerte del mismo. En la tradición islámica, a San Jorge se le da el título de profeta y el relato de su passiolo cuenta el árabe Wahb ibn Munabbih en el año 728. Este autor árabe reproduce literalmente la versión siríaca de la relación más antigua de la tradición, pero sin embargo ignora el aspecto guerrero de la figura del Santo. El pueblo llano árabe islámico conserva gran veneración por San Jorge; por ejemplo, en una mezquita de Aleppo (Siria) se dice que está su tumba y lo mismo se dice en otra en Izar (Siria).


Sobre él escribieron  San Gregorio de Tours (siglo VI), Venancio Fortunato (VII), Andrés de Creta (VIII), el obispo Zacarias (XI), San Pedro Damiano (XI), el Beato Santiago de Varazze (XIII) y muchísimos otros.


Curiosidades: En Inglaterra numerosas posadas llevan su nombre, como lo recuerda Shakespeare en Re Giovanni, acto II; en Alemania le dedican el poder curativo de las fuentes medicinales, en los países eslavos celebran ciertas costumbres en su honor al inicio de la primavera, etc.


Iconográficamente, todos los artistas lo han esculpido o pintado, bien en la escena del martirio o en la tradición del dragón. No los mencionaré, pero si haré mención de unos famosos frescos del Monte Athos, en Grecia, en particular el Protaton del monasterio Catholicon y en el monasterio Xenophon. Muchísimo más se podría decir de sus tradiciones, de su culto, de sus reliquias, de su folklore, de su fiesta, pero poquísimo de su vida, porque en realidad es muy poco lo que se sabe de él desde el punto de vista histórico. Es un Santo histórico, real, pero rodeado de muchísimas tradiciones.


Para hacer este artículo, he consultado: Sanctorum priscorum patrum Vitae, de Lippomano, Venecia, 1559;  Il megalomartire Giorgio, de S. Borelli,  Nápoles, 1902; Les légendes greques des saints militaires, de H. Delehaye, Paris, 1909; Epigrammi di Teodoro Prodromo in onore dei santi megalomartiri Teodoro, Giorgio e Demetrio, de C. Giannelli, Florencia, 1960 y Leggende agiografiche cristiane dell’Islam, de G. Levi Della Vida, Roma, 1964 y en los trabajos de Mons. Dante Balboni, asistente de la Biblioteca Apostólica Vaticana.


Antonio Barrero


LECTURAS


En Vísperas


Is 43,9-14: Así dice el Señor: «Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después. Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador. Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo? Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel».


Sab 3,1-9: La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz. Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto. En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo. Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.


Sab 5,15-6,3: Los justos viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco. Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad. Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos. Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo.


En Maitines


Lc 21,12-19: Dijo el Señor a sus discípulos: «Sabed que os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».


En la Liturgia


Hch 12,1-11: Por aquel tiempo, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Así lo hizo, y el ángel le dijo: «Envuélvete en el manto y sígueme». Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante ellos. Salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel. Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».

Jn 15,17-27;16,1-2: Dijo el Señor a sus discípulos: «Esto os mando: que os améis unos a otros. Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me odia a mí, odia también a mi Padre. Si yo no hubiera hecho en medio de ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado, pero ahora las han visto y me han odiado a mí y a mi Padre, para que se cumpla la palabra escrita en su ley: “Me han odiado sin motivo”. Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios».



Fuente: preguntasantoral / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia