martes, 26 de septiembre de 2017

Apariţie editorială în limba spaniolă


După recenta apariţie în limba română, prezenta publicaţie, a Părintelui Bogdan Vasile Buda – „Teologia y espiritualidad de la iniciacion cristiana de Nicolas Cabasilas”, apărută şi în limba spaniolă, prezintă teologia şi spiritualitatea lui Nicolae Cabasila, cu dorinţa de a face cunoscut farmecul teologiei bizantine şi lumii occidentale. 

Nicolae Cabasila a fost un laic umanist, a cărui exemplu şi teologie rămân actuale până în zilele noastre. 

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Eugen Ivuţ - Biroul de presă al Episcopiei de Oradea


Sursă: www.egco.ro

domingo, 24 de septiembre de 2017

24/09 - San Silvano (Siluan) del Monte Atos


San Siluan se llamaba Simeón Antonov. Nació en el año 1866 en una aldea en Rusia. Llegó al Monte Athos en 1892, fue tonsurado monje en 1896 con lo que se le cambió el nombre a “Siluan o Silvano” y tomó la “Sjima” en el año 1911 (en la Iglesia bizantina el monje recibe una nueva prenda llamada “sjima” con la cual sus votos de vida son mucho más severos). Cumplía su obediencia en el molino del monasterio del Viejo Rusik, y estaba a cargo de la economía. Falleció el 24 de septiembre de 1938, hace 70 años.

Simeón en su juventud trabajó como carpintero en una estancia en donde rezaba mientras trabajaba. Sintió el deseo de ser monje y entregar su vida a Cristo. Le pidió a su padre permiso para ingresar en el Monasterio de Lavra en Kiev, pero este se lo negó. Simeón cayó en el desanimo y siguió su vida como cualquier otro joven.


Su familia era grande: vivía con sus padres, 5 hermanos y 2 hermanas. Los hermanos mayores trabajaban con el padre. Siluan rápidamente ingresó en el bullicio de la vida y comenzó a desaparecer de su alma el primer llamado de Dios a la vida monacal. Pero Dios lo llamó de nuevo por medio de una visión. Una vez, después de pasar un tiempo indecentemente, se durmió y vio cómo una serpiente penetraba por la boca su interior. Sintió un fuerte asco, se despertó y al mismo tiempo escuchó las palabras: “Tú te tragaste en el sueño la serpiente y te dio asco; así a Mí no Me gusta ver lo que estás haciendo.” Simeón no vio a nadie, solo oyó la voz, que por su hermosura era totalmente singular. Según la indudable convicción de San Siluan en los años de su madurez esta fue la voz de la Madre de Dios. Hasta el fin de sus días, le dio gracias por haberlo visitado personalmente para salvarlo de la caída.


Este segundo llamado, ocurrido poco antes del servicio militar, decidió la elección de su futuro camino. Un cambio radical sucedió en su vida. Simeón sintió una profunda vergüenza por su pasado y empezó a arrepentirse ante Dios. La decisión de entrar en un monasterio, después del servicio militar, se duplicó. Y empezó a cambiar su pensamiento y su conducta.

Simeón, como lo había decidido su padre, ingresó al servicio militar en la Guardia Imperial. Llegó allí con mucha fe y arrepentimiento y no dejaba de pensar en Dios. En el ejército lo querían mucho como a un soldado cumplidor, tranquilo, de buena conducta, y los compañeros como a un fiel y agradable amigo.

Poco tiempo antes de terminar su servicio militar en la Guardia, Simeón con otro amigo fueron a ver al padre Juan de Kronstadt, para pedirle su bendición y rezos. Como no lo encontraron, le dejaron escritas sus cartas. El amigo de Siluan dejó una carta larga, escrita con hermosa letra. Pero Siluan escribió pocas palabras: “Padre, quiero hacerme monje, rece para que el mundo no me retenga.” Regresaron a San Petersburgo, al cuartel. Y al otro día, según las palabras de San Siluan, sintió, que a su alrededor “lo cubría una llama de fuego.” Regresó a su casa y permaneció ahí solo una semana. Rápidamente juntó algunos regalos para el monasterio, se despidió de todos y viajó a Athos. Pero, desde el día en que el padre Juan de Kronstadt empezó a rezar por él, “la llama de fuego” resonaba alrededor suyo sin parar, en todo lugar al que iba.

San Siluan empezó su nueva vida de sacrificios y vigilias. Fue introducido, para su desarrollo espiritual, en la vida del monasterio, con el continuo recuerdo de Dios, la oración en la celda solo, largos oficios en el templo, los ayunos y vigilias, frecuentes confesiones, lecturas, trabajos y obediencia. Pronto aprendió “la oración a Jesús” con el rosario. Pasó poco tiempo, cerca de tres semanas y una vez al atardecer, durante la oración delante del icono de la Virgen, la oración entró en su corazón y empezó a realizarse ahí de día y de noche, pero todavía no comprendía la grandeza del don recibido de la Madre de Dios.

El hermano Simeón era paciente, bondadoso, obediente: en el monasterio lo amaban, lo elogiaban por los trabajos bien hechos y por su buen carácter. Pero comenzó a pensar: “vivo sin pecar, me arrepentí, estoy perdonado, rezo continuamente y cumplo bien mis obligaciones.” Debido a su inexperiencia, no comprendía qué estaba sucediendo. Una noche su celda se llenó con una luz extraña, el demonio le decía: “ahora eres un santo”. Las insinuaciones demoníacas de llevarlo al “cielo” se repetían a diario. Y él rezaba a Dios con un fervor excesivo pero comprendía que el demonio quería convencerlo de que ya lo había conseguido todo.

Pasaban meses, pero las agresiones demoníacas se hacían cada vez más fuertes. Las fuerzas espirituales del novicio empezaron a ceder y su ánimo decaía. Ya no soportaba más. Estando sentado en su celda, al atardecer, pensó: “No se puede implorar a Dios.” Con este pensamiento él sintió completo abandono y su alma se hundió en la oscuridad y la tristeza.

En el mismo día, durante el servicio vespertino, en la iglesia del Santo Profeta Elías, a la derecha de la puerta central del Iconostasio, vio a Cristo vivo y todo su ser se llenó con el fuego de Gracia del Espíritu Santo. Fue el momento en que nacía por segunda vez. Más adelante, en sus escritos, repite constantemente que conoció a Dios y lo vio por intermedio del Espíritu Santo.

El joven monje Siluan gradualmente aprende los más perfectos hechos ascéticos, los cuales parecen imposibles a la mayoría. Su sueño sigue entrecortado (varias veces duerme solo 15 minutos). No se acuesta, duerme sentado en un banco. De día trabaja como un obrero, se dedica a la obediencia, renunciando a su propia voluntad. Aprende a guiarse por la voluntad Divina, se abstiene en la comida, se aleja de las conversaciones. Durante largas horas reza la oración de Jesús. Y a pesar de todos sus esfuerzos, frecuentemente la luz de la gracia lo abandona y los demonios lo rodean de noche.

Pasaron 15 años desde el día de la aparición de Cristo. Una vez, cuando luchaba con los demonios, cuando a pesar de todos los esfuerzos no podía rezar con pureza, Siluan se sienta e inclinando la cabeza con el corazón dolorido dice la oración: “Señor, Tu ves, que yo trato de rezar con la mente pura, pero los demonios me lo impiden. Enséñame, ¿que debo hacer para que ellos no me molesten?” Y recibió la respuesta en su alma: “los orgullosos siempre sufren así a los demonios”. “Señor, dice Siluan, “¿enséñame, que debo hacer para que mi alma sea humilde?”.

Desde entonces le es abierta el alma, que la raíz de todos los pecados, la semilla de la muerte es el orgullo, y que Dios es humildad. Por eso, el que quiere llegar a Dios debe tener humildad. Comprendió, que aquella enorme humildad de Cristo es parte del amor Divino. Ahora comprende con claridad que todo el esfuerzo debe ser dirigido a tener humildad.

“El hermano nuestro es nuestra vida” decía San Siluan. A través del amor Divino toda persona se percibe como una parte inseparable de nuestra existencia eterna. El mandamiento de “amar al prójimo como a sí mismo” empieza a comprenderlo no solamente como una norma ética, sino como su misma existencia.

Hasta el fin de su vida, a pesar de su debilidad y enfermedades, conservó la costumbre de dormir a ratos. Le quedaba mucho tiempo para la oración solitaria y siempre rezaba, cambiando según las circunstancias, la forma de oración. Pero su oración se hacia mas fuerte sobre todo en las horas de la noche, antes de los matutinos. Rezaba por los vivos y los muertos, por los amigos y enemigos y por todo el mundo.


Fuente: J.C.M.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Aparitie editorială Madrid



La presitigioasa editură Autores Cristianos (BAC), a apărut anul trecut Liturghierul bilingv român-spaniol. Abia acum Liturghierul este disponibil şi publicului larg, atât on-line cât şi în unele librării din Madrid cât şi din Spania.

Editarea Liturghierului a apărut cu binecuvântarea Prea Fericitului Arhiepiscop Major Lucian Mureşan şi prin acordul Episcopului Julián López Martín, Preşedintele Comisiei liturgice a Conferinţei Episcopale Spaniole. Ediţia a fost coordonată de Pr. Bogdan Vasile Buda (Protopop de Madrid) şi prin colaborarea: Pr. Călin Bagăcian – Preot slujitor în Leon, Pr. Drd. Iosif Dumea – Arhiepiscopia Bucureşilor şi Dr. Radu Mureşan – Lector Univeristar, Facultatea de Teologie din Oradea.

Apariţia Liturghierului s-a bucurat, de sprijinul financiar primit din partea Conferinţei Episcopale Spaniole. Liturghierul în format bilingv, reprezintă un real sprijin pastoral atât pentru, preoţii şi credincioşii români prezenţi în Peninsulă, dar în acelaşi timp reprezintă şi o frumoasă modalitate de a fi cunoscuţi de Biserica locală de tradiţie latină; rugândun-ne împreună şi celebrând Dumnezeiasca Liturghie. 



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sábado, 16 de septiembre de 2017

16/09 - Santa Megalomártir Eufemia de Calcedonia


Santa Eufemia era hija de un matrimonio cristiano devoto de la ciudad de Calcedonia. Su ambiente familiar le permitió, desde muy joven, tomar la decisión de dedicar su vida al Novio de su alma, a nuestro Señor Jesucristo. Unos años después, se emprendió la persecución del emperador Diocleciano; la joven, comprometida con su Señor, rechazó definitivamente negar a Cristo; ni los azotes ni la cárcel la pudieron cambiar. Así que el jefe de la ciudad mandó quemarla en vida. Fue martirizada el año 304, y la Iglesia recuerda el martirio de santa Eufemia el día 16 de septiembre.

Unos años después, cuando el emperador Constantino llegó a Macedonia, y viendo la veneración que los macedonios tenían hacia la Santa, construyó una iglesia dedicada a su nombre; desde entonces Macedonia recibía muchos peregrinos que procuraban besar sus reliquias.

El año 451, fue convocado el 4° Concilio Ecuménico en la misma Calcedonia: obispos de todo el orbe cristiano se reunieron en la ciudad para discutir la nueva corriente que había surgido últimamente; unos obispos defendían la recta fe en que “Cristo es perfecto Dios y perfecto hombre” es decir, que tiene dos naturalezas que están juntas en una sola Persona. En tanto que el otro grupo decía que Cristo tiene nada más una naturaleza divina.

Mientras estaban en plena discusión, se propuso exponer la causa a la intercesión de la Patrona de la ciudad. Entonces ambos equipos editaron sus enseñanzas y las pusieron junto a las reliquias de santa Eufemia; durante tres días todos oraban constantemente para que Dios por su intercesión revelara la verdad. Cuando abrieron el sepulcro encontraron el libro de los herejes ante las pies de la Santa mientras el de recta fe estaba en sus manos. Los Ortodoxos glorificaron a Dios ofreciendo agradecimientos a su Santa, y muchos de los que antes eran defensores del Monofisismo (una naturaleza), aclamaron de nuevo la recta fe. Esto milgro de la santa se conmemora separadamente cada 10 de julio.


Fuente: Arquidiócesis de México, Centroamérica y El Caribe (Patriarcado de Antioquía y todo el Oriente)

martes, 12 de septiembre de 2017

Apariţie editorială: Teologie şi mistică sacramentală în opera „Viaţa în Hristos” de Nicolae Cabasila



Cartea Părintelui Bogdan Vasile Buda se întoarce în trecut, pentru a studia un însemnat teolog al secolului al XIV-lea, Nicolae Cabasila, în toată complexitatea vremurilor şi evenimentelor care i-au determinat viaţa şi opera. Motivul principal, pentru care ne-am oprit la acest autor, este faptul că teologia şi spiritualitatea lui Nicolae Cabasila, pot fi un important punct de referinţă, de maturizare şi totodată de redescoperire a teologiei bizantine în Biserica Greco-Catolică. Studiul nostru şi-a centrat obiectivul pe teologia şi spiritualitatea lui Nicolae Cabasila, legate în mod intrinsec de viziunea mistico-sacramentală a îndumnezeirii omului, care reies din opera sa, Viaţa în Hristos.

În prima parte a cărţii am încercat să prezentăm o viziune generală a vieţii şi operei lui Cabasila analizate în strâns raport cu contextul istoric şi cultural în care s-au maturizat gândirea şi teologia sa. În contextul isihasmului bizantin şi al polemicii antilatine, putem afirma că el reuşeşte să aibă o verticalitate superioară particularismelor. Conţinutul fundamental al cărţii de faţă este prezentat în partea a doua, în care atenţia noastră este focalizată pe teologia sacramentală a lui Cabasila, care cuprinde trei dimensiuni ale gândirii sale: a) Aspectul sau dimensiunea liturgică. În opera sa, Viaţa în Hristos, dimensiunea liturgică reprezintă pentru teologul grec, dialogul de iubire „descendentă” a lui Dumnezeu Tatăl, care se comunică în mod inefabil în Fiul şi îşi „manifestă familiaritatea sa divină” în Spiritul Sfânt. b) Aspectul spiritual şi mistic. Realitatea simbolică a Botezului este legată de unirea omului cu moartea şi învierea lui Hristos, care dăruieşte o nouă fiinţă şi o nouă identitate a creştinului născut şi regenerat în „apa botezului”, unde el găseşte prezenţa salvifică a misterului pascal al lui Hristos. Mirul împărtăşeşte „energiile Spiritului Sfânt”, care dăruieşte omului „faptul de a fi deja născut în Hristos”, purtând la desăvârşire frumuseţea transfigurată a creştinului. Miruirea dăruieşte sufletului harul de a „percepe şi de a simţi” prezenţa lui Hristos. Pentru a fi trăită în mod coerent, ea are nevoie de colaborarea omenească prin adeziunea liberă şi conformarea voinţei, care se maturizează progresiv prin practica virtuţilor. 

Dumnezeiasca Euharistie, „sacramentul sacramentelor”, îl transformă şi îl hristifică pe om, în tensiunea sa către sfinţenie, şi revarsă în sufletul creştinului prezenţa continuă şi îndumnezeitoare a lui Isus, care îşi împărtăşeşte viaţa sa filială şi maturizează filiaţia noastră divină. Euharistia implică cooperarea noastră şi adevărata convertire – metanoia, care ajută fiinţa umană să se desprindă de legăturile strânse ale trupului, pentru a fi înălţat la desăvârşita asimilare şi contemplare a Cuvântului întrupat. c) Dimensiunea teologică. 

Teologia lui Cabasila este fascinantă, pentru că nu e văzută ca un ansamblu de speculaţii sau de raţionamente conceptuale, ci e orientată spre contemplarea lui Hristos, prin intermediul tainelor care sunt autenticele „ferestre” deschise către frumuseţea şi cunoaşterea divină. Perspectiva sa hristologică este inseparabilă de dimensiunea antropologică, văzută în opera sa ca o întâlnire roditoare între Dumnezeu şi om, între iubirea divină şi cea umană, care prin dumnezeieştile taine devine o întâlnire roditoare şi un autentic dialog între făptura imperfectă şi limitată, şi inefabila putere divină. Astfel, omul este condus spre a deveni o fiinţă teologală. Nicolae Cabasila prin opera sa, intitulată Viaţa în Hristos a lăsat posterităţii un adevărat tratat de teologie ascetică şi mistică, creştinul fiind chemat printr-un efort individual să se reunească în Biserică, alături de toţi creştinii, în unitatea mistică a Trupului mistic al lui Hristos. 

Nicolae Cabasila „rămâne un laic-umanist, creând o teologie de o largă respiraţie spirituală şi mistagogică, actuală şi totodată un model de urmat până în ziua de astăzi. Aşa cum a evidenţiat Conciliul Vatican II în Constituţia despre liturgie, Sacrosantum Concilium, păstorii şi laicii suntem cu toţii invitaţi să se ne întoarcem la aprofundarea sfintelor taine conţinute în liturgia divină.


Sursă: www.egco.ro

viernes, 1 de septiembre de 2017

El Año Litúrgico de la Iglesia bizantina


La celebración litúrgica en la Iglesia bizantina se nos presenta de una forma que tiene que ver con toda la vida del cristiano y le confiere un ritmo propio. En cada etapa del camino de la vida, en cada momento difícil, la Iglesia busca santificar a sus hijos con los sacramentos y con las oraciones. De este modo, la vida del cristiano no avanza según los días del calendario, sino según las festividades eclesiales y el tiempo terrestre o natural se transforma en parte de la Historia Sagrada, en Tiempo de Salvación.

Las celebraciones de la ortodoxia están estrechamente ligadas a los “ciclos del tiempo”, así encontramos tres tipos de ciclos: diario, semanal y anual.

El ciclo diario está formado por una serie de servicios litúrgicos que coinciden con un tiempo u hora determinada del día y que puede tener como su culmen la celebración de la Divina Liturgia. El ciclo semanal gira en torno al Domingo, que se dedica a conmemorar y celebrar la Resurrección de Cristo y se constituye en fuente de donde manan las gracias para los otros seis días.

Pero, de los tres tipos de ciclos, el más amplio y desarrollado es el ciclo litúrgico anual que llamamos Año Litúrgico. Comienza el 1 de Septiembre y tiene su culmen en la celebración de la Pascua. Está formado, como el semanal, además de las conmemoraciones diarias de los misterios del Señor, de la Santísima Virgen o de los Santos, por 12 Grandes Fiestas fijas en cuanto que tienen una fecha asignada en el año: 8 de septiembre: la Natividad de la Santa Virgen María, Madre de Dios; 14 de septiembre: se conmemora la Exaltación de la Cruz. Para este día, la Iglesia prescribe el ayuno estricto y en el templo se celebra un rito especial de adoración de la Cruz; 21 de noviembre: la Presentación de la Virgen María en el templo; 25 de diciembre: la Natividad de Cristo; 1 de enero: La Circuncisión del Señor; 6 de enero: el Bautismo del Señor (Epifanía); 2 de febrero: la Presentación del Señor; 25 de marzo: La Anunciación a la Virgen María, fiesta que San Juan Crisóstomo la llamaba la “raíz de las fiestas”; 24 de junio: La Natividad de Juan el Bautista; 29 de junio: La memoria de los santos apóstoles Pedro y Pablo; 6 de agosto: La Trasfiguración del Señor; 15 de agosto: La Dormición de la Santísima Madre de Dios.

Y existen además cuatro grandes fiestas en honor del Señor, que son de carácter movible pues van unidas al misterio de la Resurrección: La Entrada de Jesús en Jerusalén (Domingo de Ramos); El glorioso día de la Resurrección del Señor (Pascua); El luminoso día de la Ascensión de Jesús al cielo y El descenso del Espíritu Santo (Pentecostés).

Adicionalmente tenemos algunas fechas o períodos importantes durante el año: 1 de octubre: la Protección de la Virgen María. El 15 de noviembre: se inicia el ayuno navideño, que precede a la más importante festividad de las consideradas fijas: la Natividad y el Bautismo del Señor. Y la última de las grandes festividades del año es la Decapitación de Juan el Precursor y Bautista que se celebra el 29 de agosto y se caracteriza por ser día de ayuno estricto.

Por último podemos mencionar que revisten también gran importancia la fiesta Titular de la Iglesia, Monasterio o Ciudad que ya no son de carácter general sino particular o local.

Todo el Año Litúrgico, es pues, el medio como la Iglesia al presentarnos los principales misterios de nuestra redención nos recuerda que además de tener la verdadera fe, y de celebrarla con acciones de culto, estamos llamados a dejarnos iluminar y transformar por cada uno de los misterios que celebramos, y que por nuestra vida, por nuestras obras, todos den gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Profesor Rafael E. Morán Pineda


Fuente: Iglesia Ortodoxa de la Santa Transfiguración en Guatemala (Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquía)
Adaptación propia