25/12 - Natividad según la carne de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo


Dios está con nosotros


La Natividad del Señor es una de las fiestas más importantes de la Iglesia, por lo que se la prepara con el ayuno durante cuarenta días, y desde casi un mes antes se empieza a cantar el Condaquio navideño que dice: «Hoy la Virgen viene a dar a luz […] al sempiterno verbo.»


¿Por qué el «Hoy» de este himno si, cuando lo cantábamos, ni siquiera estábamos en el día del 25?


La fiesta de Navidad es mucho más que un recuerdo de un acontecimiento que tuvo lugar desde hace más de 2000 años –como si se festejara el descubrimiento de América o la fiesta de la independencia–, es decir, es más que un día célebre del calendario humano. Es el Día desde el cual miramos a toda la historia; y si bien pertenece al pasado, se extiende a lo largo del presente: «Dios está con y entre nosotros».


Todo lo anterior añoraba este día de «Hoy»; pues, la historia del Antiguo Testamento es el desarrollo de un diálogo entre la intervención de Dios en su creación, y la reacción del hombre ante dicha intervención. Dios hablaba a través de sus profetas, milagros y maravillas preparando la creación para tal día; y la Virgen es el fruto de toda esta preparación; como dice san Pablo en la carta queleemos el día de la fiesta: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4:4). Es el momento desde el cual vivimos, los cristianos, no en la era d.C. (después de Cristo), sino la era «en Cristo.»


Dios ha encarnado, a saber, «se hizo carne y puso su morada entre nosotros» (Jn 1:14); Aquél a quien los antiguos buscaban con inquietud, se nos ha revelado realizando la Profecía de Isaías: «¡He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán de nombre Emmanuel que significa “Dios con nosotros”!»


Dios está con nosotros: ¡qué vergüenza, si seguimos buscándolo entre las ruinas de Egipto o los tesoros del Faraón!


¡Dios está entre nosotros, y nosotros andamos consultando filosofías e ideologías para saber si existe!


¡Dios está entre nosotros, y henos aquí actuando como si la vida estuviera en el poder y en el dominio, mientras la tierra se agitó y el sol ocultó su luz al ver al Señor en su gloria!


«Hoy la Virgen Viene a dar a luz [...] al sempiterno Verbo»: confesamos que todos los tesoros, filosofías, ideologías y poderes ya son inútiles si no nos hacen prosternarnos ante Él, con los magos, con los pastores y los Ángeles que festejaban aquel día.


Que nuestros ojos lo vean, que nuestros oídos escuchen sus palabras; tanto con nosotros está al grado que lo comemos y lo asimilamos a fin de que, conforme a las palabras de san Pablo, en Él vivamos y nos movamos y existamos (Hch 17:28). Sólo así será nuestra vida «Noche Buena», Pero si el Bondadoso es ausentado de nuestras fiestas, la bondad será exclusiva del nombre nada más.


Que el Señor nos haga dignos de la alegría verdadera de su Nacimiento. Amén.


LECTURAS


En la Liturgia vespertina


1


Gén 1,1-13: Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. Y dijo Dios: «Exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas». E hizo Dios el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento. Y así fue. Llamó Dios al firmamento «cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. Dijo Dios: «Júntense las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezca lo seco». Y así fue. Llamó Dios a lo seco «tierra», y a la masa de las aguas llamó «mar». Y vio Dios que era bueno. Dijo Dios: «Cúbrase la tierra de verdor, de hierba verde que engendre semilla, y de árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra». Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.


Núm 24,2-3;5-9;17-18: El espíritu de Dios vino sobre Balaán, y entonó sus versos: «¡Qué bellas tus tiendas, oh Jacob, y tus moradas, Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y descuella su reinado. Dios lo sacó de Egipto, como cuernos de búfalo fue para él. Devora a sus enemigos y les quebranta los huesos. Se agazapa, se tumba como león, como leona, ¿quién le hará levantar? ¡Bendito quien te bendiga! | ¡Maldito quien te maldiga!». Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel. Aplasta las sienes de Moab, el cráneo de todos los hijos de Set. Edón será tierra conquistada, y tierra conquistada también su enemigo. Israel despliega su poder.


3


Miq 4,6-7;5,1-3: Aquel día —oráculo del Señor— juntaré a las ovejas cojas, reuniré a las dispersas y a las que había afligido. Haré de las cojas un resto, de las cansadas, un pueblo numeroso. El Señor reinará sobre ellos en el monte Sión, desde ahora y para siempre. Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales. Por eso, los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel. Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, su Dios; se instalarán, ya que el Señor se hará grande hasta el confín de la tierra.


4


Is 11,1-10: Así dice el Señor: «Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada».


5


Bar 3,36-38;4,1-4: Este es nuestro Dios, y no hay quien se le pueda comparar; rastreó el camino de la inteligencia y se lo enseñó a su hijo, Jacob, se lo mostró a su amado, Israel. Después apareció en el mundo y vivió en medio de los hombres. Es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna: los que la guarden vivirán; los que la abandonen morirán. Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina al resplandor de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor!


6


Dan 2,31-36: 44-45: Dijo Daniel a Nabucodonosor: «Tú, oh rey, estabas mirando y apareció una gran estatua. Era una estatua enorme y su brillo extraordinario resplandecía ante ti, y su aspecto era terrible. Aquella estatua tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies de hierro mezclado con barro. Mientras estabas mirando, una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua, y los hizo pedazos. Se hicieron pedazos a la vez el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como tamo de una era en verano; el viento los arrebató y desaparecieron sin dejar rastro. Y la piedra que había deshecho la estatua creció hasta hacerse una montaña enorme que ocupaba toda la tierra. Este era el sueño; ahora explicaremos al rey su sentido: el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, ni su dominio pasará a otro pueblo, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él durará por siempre. En cuanto a la piedra que viste desprenderse del monte sin intervención humana, y que destrozó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro, esto significa lo que el Dios poderoso ha revelado al rey acerca del tiempo futuro. El sueño tiene sentido y la interpretación es cierta».


7


Is 9,5-6: Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz». Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor del universo lo realizará.


8


Is 7,10-16;8,1-4;8-10: El Señor volvió a hablar a Ajaz y le dijo: «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Ajaz: «No lo pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Isaías: «Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel. Comerá requesón con miel, para que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien». El Señor me dijo: «Coge una tablilla grande y escribe con caracteres ordinarios: Pronto al saqueo – presto al botín». Yo me busqué dos testigos fidedignos: Urías, el sacerdote, y Zacarías, hijo de Baraquías. Después me uní a la profetisa, y ella concibió y dio a luz un hijo. El Señor me dijo: «Ponle por nombre “Pronto al saqueo – presto al botín”, porque antes de que el niño sepa decir “papá” y “mamá”, las riquezas de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asiria. ¡Oh Enmanuel! ¡Quedad destruidos y horrorizados, pueblos! ¡Escuchad, regiones lejanas de la tierra! ¡Preparaos a la guerra y quedad horrorizados! ¡Preparaos a la guerra y quedad horrorizados! Trazad planes, que fracasarán, haced promesas, que no se mantendrán, porque con nosotros está Dios».


Heb 1,1-12: En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues ¿a qué ángel dijo jamás: Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy; y en otro lugar: Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo? Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios. De los ángeles dice: Hace de los espíritus sus ángeles; de las llamas de fuego, sus ministros. En cambio, del Hijo: Tu trono, oh Dios, permanece para siempre; y cetro de rectitud es tu cetro real. Amaste la justicia y odiaste la iniquidad; por eso Dios, tu Dios, te ha distinguido entre tus compañeros, ungiéndote con aceite de júbilo. También: Tú, Señor, en los comienzos cimentaste la tierra; los cielos son obra de tus manos; ellos perecerán, tú permaneces; se gastarán como la ropa, los envolverás como un manto. Serán como vestido que se muda. Pero tú eres siempre el mismo tus años no se acabarán.


Lc 2,1-20: En aquellos días sucedió que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado». Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.


En Maitines


Mt 1,18-25: La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús.


En la Liturgia del día


Gál 4,4-7: Hermanos, cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.


Mt 2,1-12: Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.



Fuente: Cristianismo Bizantino / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

Scrisoarea Pastorală a Preafericitului Părinte Claudiu la Sărbătoarea Nașterii Domnului 2025


Onoratului cler împreună slujitor, cuvioșilor călugări și călugărițe,


iubiților credincioși greco-catolici și tuturor creștinilor iubitori de Dumnezeu,

 

Cristos se naște, măriți-L! Cristos din ceruri, întâmpinați-L!


Cristos pe pământ, înălțați-vă!


Iubiți frați și surori în Cristos,

 

Dacă există un lucru la care cu toții ne gândim atunci când vorbim despre Sărbătoarea Crăciunului, acesta este colindul. Niciun alt cântec nu reușește să trezească în sufletele noastre, cu aceeași intensitate și limpezime, sentimente de bucurie, duioșie și seninătate precum colindele pe care le-am învățat încă din zorii vieții noastre. Atunci când ne unim vocile în armonia colindelor, suntem cuprinși de nostalgia copilăriei, dar și de setea de puritate, care nu este altceva decât dorul de Dumnezeu. Fie că sunt colinde străvechi, transmise din generație în generație, fie că sunt creații mai recente, poartă în sine același mesaj de credință și de speranță. Toate, într-un fel sau altul, ne conduc spre marele mister al întrupării Fiului lui Dumnezeu și spre clipa tainică în care, în noaptea Betleemului, o lumină a răsărit pentru fiecare dintre noi. Înțelegem, astfel, că profeția lui Isaia, despre poporul care umbla în întuneric și vede o lumină mare (Is. 9,2), s-a împlinit nu doar pentru oamenii de atunci, ci și pentru noi.


Celebrând Nașterea Domnului nostru Isus Cristos, retrăim bucuria revărsării acelei lumini în întunericul lumii de astăzi și ne simțim mai aproape de Dumnezeu. Prin Pruncul Isus, Dumnezeu se apropie de noi cu o gingășie dezarmantă, făcându-Se mic pentru a ne înălța, sărac pentru a ne îmbogăți și vulnerabil pentru a ne întări. În fața Lui, ne simțim primiți și iubiți așa cum suntem, fiindcă vedem un Prunc care ne surâde dintr-o iesle iar zâmbetul Lui nu se împiedică de păcatele noastre. Este zâmbetul Cerului în viața noastră, adesea agitată și prea plină de griji. Fie că suntem bogați sau săraci, bucuroși sau copleșiți de necazuri și dureri, zâmbetul Pruncului Dumnezeiesc ne dăruiește o rază de speranță și ne cheamă să primim darul unei iubiri fără condiții. Iar colindul devine răspunsul nostru smerit la această chemare: o rugăciune cântată, o mărturisire a credinței și o reînnoire a speranței că lumina născută la Betleem continuă să strălucească, discret și statornic, în existența noastră. Dacă ne deschidem cu adevărat inimile, atunci viața fiecăruia dintre noi poate deveni o colindă, o mărturie vie și personală despre puterea dragostei lui Dumnezeu.


Există un contrast atât de mare între Pruncul plăpând și puterea răului, întruchipată atunci de Irod și de armatele lui. Sfânta Evanghelie evocă acest adevăr cu o simplitate dureroasă: „Irod va căuta Pruncul ca să-L ucidă” (Mt. 2,13). Astăzi, același Prunc Divin este amenințat în sufletele copiilor, ale tinerilor și, de fapt, în sufletele noastre, ale tuturor, de aceeași putere a răului, care pare mai dezlănțuită ca oricând. Spectrul armelor nucleare planează din nou asupra lumii, războaiele hibride ne înspăimântă iar siguranța vieții, așa cum o știam până acum, pare să fie serios amenințată. Și totuși, deși suntem tentați să credem că pericolul vine exclusiv din conflictele vizibile din jurul nostru, acestea nu sunt decât vârful aisbergului unor lupte mai adânci: războaiele care se poartă în inimile oamenilor. Sfânta Scriptură ne ajută să înțelegem unde se află adevărata lor rădăcină: „De unde vin războaiele, de unde vin conflictele dintre voi? Oare nu tocmai din poftele voastre care se luptă în membrele voastre?” (Iac. 4,1). Războaiele dintre națiuni sunt amplificarea tensiunilor și a răutăților din inimile oamenilor.


Dacă în propriile familii există certuri, de ce ne-am mira de conflictele din viața publică sau politică? Dacă frați și surori ajung să se învrăjbească și să nu-și mai vorbească pentru moștenirea unui petic de pământ, de ce ne-ar surprinde faptul că națiunile ajung să facă același lucru? De aceea, dacă suntem scandalizați sau înfricoșați de războaiele care par să se întețească pe pământ, primul pas ar fi să ne uităm la noi înșine, la familiile noastre, la prietenii și cunoscuții noștri și să începem să semănăm pacea acolo unde domnesc cearta și ura. Să pornim de la noi, prin gesturi concrete de iertare și prin curajul de a cere iertare, înaintea lui Dumnezeu și a oamenilor.


Isus nu doar că ne-a promis pacea, dar ne-o dăruiește într-o formă care ne surprinde, deoarece nu are la temelie efemerele echilibre politice: „Pace vă las vouă, pacea Mea o dau vouă, nu precum dă lumea vă dau Eu” (In. 14,27). Pacea Lui începe cu convertirea personală și cu reconcilierea interioară a fiecărui om. Acolo unde Pruncul este primit cu sinceritate, inima este împăcată și devine capabilă să dovedească faptul că delicatețea și generozitatea iubirii sunt mai puternice decât violența răului.


Dragi credincioși,


Anul 2025 s-a dovedit a fi un timp deosebit de bogat în evenimente și în haruri, îmbinând minunat anul consacrat speranței în întreaga Biserică Catolică și anul național dedicat Fericitului Iuliu Hossu în România. Dincolo de numărul și varietatea manifestărilor, de conferințe, pelerinaje și celebrări solemne, tocmai bogăția de har care s-a revărsat peste noi toți este cea care va face ca acest an să rămână unul de referință în istoria Bisericii noastre. Pentru noi, creștinii, nu amploarea evenimentelor este cea care contează cel mai mult, ci iubirea care le dă sens, așa cum spunea și Maica Tereza: „Dacă nu putem face lucruri mari, să facem lucruri mici cu o iubire mare”. Iar Dumnezeu răspunde cu iubirea Lui nemărginită, făcându-le mari. Așa se explică multe dintre evenimentele pe care le-am celebrat în acest an binecuvântat, pentru care îi mulțumesc Domnului, dar și tuturor ierarhilor, preoților, persoanelor consacrate și credincioșilor pentru devotamentul cu care s-au implicat.


A fost un an marcat de gesturi cu înalte semnificații simbolice pe plan spiritual. Un an în care relicvele Cardinalului Iuliu Hossu au fost așezate la mormântul Sfântului Petru, ca semn al comuniunii depline dintre Biserica noastră și Biserica Universală și, totodată, ca mărturie despre valoarea jertfei încununate prin martiriu. Un an în care Sfântul Părinte Papa Leon a declarat în mod solemn, în Capela Sixtină, că faimoasele cuvinte ale Fericitului martir ar trebui să devină deviza fiecărui om. De asemenea, va rămâne mereu în amintirea noastră celebrarea Sfintei Liturghii în limba română, în Catedrala Notre-Dame din Paris, unde Iuliu Hossu a fost celebrat alături de Fericitul Vladimir Ghika, într-un moment de profundă trăire sufletească, ce a unit inimile tuturor.


Toate aceste evenimente încărcate de iubire își găsesc sensul și confirmarea în lumina  Sărbătorii Nașterii Domnului. În noaptea sfântă a Crăciunului, Maica Sfântă ține în brațele sale Pruncul Dumnezeiesc cu o dragoste care îl va însoți de-a lungul întregii vieți pământești. Maria este alături de Fiul ei în fiecare clipă: prin prezență, când îl poate urma cu pașii, dar și atunci când nu mai poate decât să-l urmeze cu inima. Este lângă El în bucurii și în suferință, până la Calea Crucii, până la răstignire, până la ultima suflare. Întreaga ei viață este o liturghie a iubirii. De aceea, în momentul trecerii ei la adevărata viață, în sărbătoarea pe care noi o numim Adormirea Maicii Domnului, Maria regăsește acea iubire în îmbrățișarea Fiului ei. Dacă la Betleem ea îl ținea pe Isus în brațe, acum este Isus Cel care îi restituie iubirea, cuprinzând-o El însuși în brațe și însoțind-o în Împărăția Sa.


La aceasta suntem chemați și noi, cei care îl vom contempla pe Pruncul dumnezeiesc în ieslea Nașterii: primind iubirea Sa, să o păstrăm în sufletele noastre și să știm să o dăruim mai departe, încărcând fiecare gest și fiecare faptă cu iubirea primită în dar. Iar la capătul vieții noastre pământești, Isus ne va restitui această iubire, o va împlini și ne va conduce, pe urmele Maicii Sfinte, în acea Împărăție a iubirii pentru care cu toții ne pregătim. În acest fel l-am însoțit cu rugăciunile noastre și pe Preafericitul Părinte Cardinal Lucian, cerându-I Domnului să îl primească în îmbrățișarea dragostei Sale, răsplătindu-i astfel toată iubirea care s-a revărsat prin el asupra noastră și asupra Bisericii de-a lungul întregii sale vieți.


Dragii mei,


Între zidurile reci ale unei temnițe, acolo unde Fericitul Iuliu Hossu era închis, s-au înălțat, ca o lumină în noapte, aceste minunate versuri de colind: „Isuse, Doamne, Prunc ceresc, toți îngerii te preamăresc, primește și al nostru cânt, trimite pace pe pământ”. Deși era privat de libertate, el nu a cerut prin rugăciune propria eliberare, ci pace pentru întregul pământ. Cu greu am putea găsi cuvinte mai frumoase și, în același timp, mai potrivite pentru vremurile pe care le trăim. Dacă le facem loc în inimile noastre, ne alăturăm și noi cântului îngerilor care le vestesc păstorilor nașterea Fiului lui Dumnezeu și înălțăm aceeași rugăciune pentru pace, într-un timp în care pacea lipsește mai întâi din inimile oamenilor și, tocmai de aceea, lipsește și din lumea în care trăim.


La fel ca în Betleemul de atunci se întâmplă și astăzi: sunt destui oameni care îi închid, nepăsători, ușa lui Dumnezeu. Doar câțiva păstori și magii veniți de la Răsărit alcătuiesc modestul alai al Pruncului divin. Evanghelia ne spune că magii s-au întors în țara lor pe o altă cale (Mt. 2,12). Altă cale, fiindcă au descoperit adevărata Cale. Ceea ce se întâmplă cu ei, se întâmplă cu toți cei care îl urmează pe Fiul lui Dumnezeu. Isus le dăruiește o pace pe care nimeni și nimic nu o poate lua din inimile lor, iar această pace se revarsă asupra tuturor celor pe care îi întâlnesc. Să ne ajute Domnul ca, în această minunată sărbătoare, aceeași pace să coboare și în inimile noastre, iar pacea lui Cristos să fie darul cel mai prețios pe care îl aflăm sub brad.


Vă doresc tuturor o Sărbătoare a Nașterii Domnului plină de haruri și un An Nou binecuvântat!


Cu arhierească binecuvântare,


† Claudiu Lucian Pop


Arhiepiscop și Mitropolit al Arhieparhiei de Alba Iulia și Făgăraș


Administrator al Eparhiei de Cluj-Gherla


Arhiepiscop Major al Bisericii Române Unite cu Roma, Greco-Catolică

Creación de dos Arciprestazgos para los fieles greco-católicos rumanos del Reino de España


Este año 2025, teniendo en cuenta las necesidades pastorales de las comunidades greco-católicas rumanas en España, y de conformidad con las disposiciones del Código de Derecho Canónico (cf. CIC, can. 374 §2), así como las del Código de Cánones de las Iglesias Orientales (CCEO, can. 276 §2), Su Excelencia, el Cardenal José Cobo Cano, Arzobispo de Madrid y Ordinario del Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en el territorio español, teniendo en cuenta las atribuciones del Ordinario que aparecen en el decreto Nobilis Hispaniae Natio, dispone el establecimiento de los Arciprestazgos de la Madre de Dios y de la Estrella de Oriente.


P. Archimandrita Dr. Vasile Bogdan Buda

P. Daniel Lazăr


El Arciprestazgo de la Madre de Dios cubre a los fieles greco-católicos rumanos de las provincias eclesiásticas de Madrid, Oviedo, Pamplona-Tudela y Valencia, y el Arciprestazgo de la Estrella de Oriente a los de las provincias eclesiásticas de Granada, Sevilla y Toledo.


El objetivo de su creación es fomentar la colaboración entre las parroquias y capellanías del territorio y el Ordinariato para lograr una atención pastoral adecuada y eficiente. Con este noble propósito, y de acuerdo con las disposiciones canónicas de los códigos vigentes sobre los Arciprestazgos (cf. CIC, cc. 553 y 554; CCEO, cc. 276 y 277), se nombra para los fieles greco-católicos en el territorio del Reino de España al Padre Archimandrita Dr. Vasile Bogdan Buda, sacerdote de la comunidad greco-católica de Madrid, como Arcipreste del Arciprestazgo de la Madre de Dios, y al Padre Daniel Lazar, sacerdote de la comunidad greco-católica de Ciudad Real, como Arcipreste del Arciprestazgo de la Estrella de Oriente.


Oramos para que Dios proteja y bendiga a los dos Padres con su gracia para que cumplan su servicio en esta nueva misión, de modo que, como dice el Abad Benito de Nursia: «en todo sea glorificado el Señor», y para que la diversidad de ritos sea testimonio vivo de la unidad de la Iglesia, para que todos seamos uno bajo la misma Cabeza, nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo.



Fuente: Departamento de Prensa del Arciprestazgo de la Madre de Dios